miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 3.

Tenía que decirle a Adrián que no me había perdido, pero no me sentía con fuerzas. Necesitaba dormir y pensar en todo lo que me había pasado en menos de una hora. Eso hice, me fui a la cama e intenté dormir el mayor tiempo posible; caí rendida al momento.
Un ruido extraño me despertó derepente. Miré el reloj y eran las tres de la tarde, así que me levanté y fui al salón. Allí estaba Janire, comiendo algo.

- Tienes comida en la cocina. -me decía aún con voz dormida.
- Gracias. Ahora no tengo hambre, después comeré algo. -y me sentaba con ella en el sillón.
- Nena, tienes que hablar con Adrián...
- Ya lo sé, pero no sé como.
- Ayer se fue de aquí mal, pensando que se había equivocado al hacerte saber que le gustabas....
- Antes de irse le escuché decirte que me había perdido.
- Y lo sigue creyendo. Habla con él... -y mirándome fijamente continuó. -A mi no me engañas Naia, yo sé que tu sientes lo mismo por él, pero el miedo te puede.
- Tengo miedo a que no salga bien y se acabe todo entre nosotros.
- ¿Puede dejar de pensar estupideces? Estos días, mientras te preparábamos la fiesta de cumple, he podido conocer más  a Adrián que todo el tiempo que estuvimos en Teverga, y Naia, lo que ese chico te quiere no es normal. Te puedo asegurar que si empezáis algo y por algún extraño motivo eso se acaba, nunca le perderás. Ya está bien escarmentado creemé. Habla con él. No pierdas la oportunidad.

Jani tenía razón, pero no estaba preparada. Todo lo que decía era cierto, yo también sentía algo por él, algo que nunca había sentido y que en nuestro encuentro sorpresa sentí desde el primer momento. El miedo seguía presente, no lo podía evitar.
A pesar de tener una buena resaca, salí a dar un paseo por el barrio, a despejarme. Me puse los cascos, puse la música a todo volumen y comencé a andar sin rumbo hasta que derepente vi a lo lejos a Adrián sentado en un banco, pensativo. Era ahora o nunca. Tenía que hablar con él.

- ¿Puedo sentarme? -le dije tímidamente.
- Claro. -sonrió.
- Tenemos que hablar. Creo que te debo una explicación.
- No Naia. La he vuelto a cagar y no... -no le dejé terminar.
- Adri para. No la has vuelto a cagar. Yo también siento eso que tú sientes.
- ¿Cómo? -decía sorprendido.
- Pues eso. Que siento por ti lo mismo que tú por mi. Ayer en la fiesta reaccioné mal porque tengo mucho miedo a perderte. Ya lo he vivido una vez y no quiero volver a pasar por ello.
- No me vas a volver a perder. Te lo prometo. -decia agarrando mi mano.
- No va a salir bien Adri... -le ponía una sonrisa de medio lado.
- ¿Y cómo lo sabes si no lo has intentado? -me devolvía esa sonrisa.
- Las relaciones entre amigos no salen bien.
- Si hay amor se supone que eso da igual, ¿no? -volvía a sonreír acercándose cada vez mas.
- Se supone....  Adri, lo último que quiero es que por empezar algo, después acabemos mal y perdamos todo.
- No adelantes acontecimientos antes de tiempo. -se acercó de nuevo y esta vez nuestras frentes se juntaron, puso sus manos en mis mejillas y me besó. -Déjame demostrarte que quiero estar contigo. -y volvió a besarme.

Aquello sería el principio de algo que no sabríamos por donde iba a tirar, pero de lo cual los dos estábamos orgullosos de intentar, aún así, no todo saldría como nos gustaría a los dos.


Habían pasado un par de semanas desde que Adrián y yo estábamos juntos y parecía que todo nos iba bien. Nos entendíamos y nos queríamos. Nada podía estropear lo que entre los dos poco a poco estábamos construyendo. Pero un día, apareció por sorpresa Alba, una ex de Adrián con la que nunca me había llevado demasiado bien, ella siempre pensó que entre Adri y yo había algo, no entendía que éramos amigos, sólo amigos. Llegó con la intención de volver con él. Cuando Adrián se fue a A Coruña ella estuvo allí con él al menos dos meses, después lo dejaron, ella volvió a Teverga y no volvieron a saber el uno del otro a pesar de que Alba no dejaba de llamarle continuamente. Nunca le habia olvidado, siempre le quiso. Lo que no se esperaba era encontrarnos juntos de nuevo y de la manera que siempre había imaginado, pero que siempre también, le habíamos negado.

- Hola Adri -le dijo cuando éste abrió la puerta.
- ¿Qué haces aquí Alba? -se sorprendía Adrián.
- Si no vienes tu a verme a mi, tenía que venir a verte yo. ¿No me vas a dejar entrar?
- Ehhhrr.. Si, pasa, pasa -decía un poco descolocado.
- Ah.... que tú también estás aquí -decía bajando el volumen. -Hola Naia.
- Hola Alba. -la dije. -Adri yo me voy. Os dejo que habléis de vuestras cosas. Ya vamos al cine otro día.
- No, quédate. Me visto nos vamos.
- ¿Y ella?
- Que se venga.. Alba, ¿te vienes al cine?
- Vale -decía ella tan contenta.

Nos fuimos los tres al cine y estoy segura que si me hubiese ido, ninguno de los dos hubiese notado mi ausencia, de echo lo hubiesen agradecido. Hacía un par de horas que Alba había parecido y ya estaba consiguiendo lo que quería, tener a Adrián todo para ella. Tenía una habitación en un hotel de cerca, pero Adrián no la dejó irse y la obligó a quedarse en su casa. Aquello ya remató mi enfado. Le di un pequeño beso y me fui. Él se quedó un poco extrañado por mi reacción, pero le duró poco, tenía entretenimiento.
A la mañana siguiente esperaba como todas las mañanas, que cuando me despertase estuviese él preparando el desayuno, pero no, esa mañana era Janire la que estaba metida en la cocina.

- ¿Y Adri? -le pregunté extrañada.
- No lo sé. No vino aún.
Volví al cuarto para recoger la habitación. Abrí la ventana y vi a Alba y Adrián paseando demasiado juntos. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero esperaba que él reaccionase antes de tener que decirle nada.

Pasaron los días y Alba seguía en Madrid, en casa de Adrián. Desde que llegó había visto a Adrián dos días y mal contados. Esa noche tocaba fiesta con las chicas, Jani me obligaba a salir, decía que me pasaba el día encerrada en casa por culpa de un novio que se había olvidado de mi, así que tenía que desahogarme. Así hice, pero poco me duró la alegría. Entramos en un pub y lo primero que vi fue a un grupito de amigos entre los que estaban Adrián y Alba demasiado juntitos. Mi cara lo dijo todo y las chicas se dieron cuenta.

- Naia, ahora va a venir mi hermano Raúl,  le contamos todo y le das celos a Adrián. -me decía Saray.
- Me voy a mi casa...
- Tu no te vas. Tu novio va a probar de su propia medicina.

Llegó Raúl, el hermano de Saray y le contaron toda la historia. Aceptó encantado en darle celos a Adrián. Éste ya nos había visto y había venido a saludar, pero no hizo la intención de quedarse ni de invitarme a quedarme con ellos y presentarme a sus amigos.
Cada vez que miraba, Raúl me abrazaba, me daba un beso en la mejilla, me agarraba de la cintura.. Mil gestos que a Adrián no le gustaron nada y me lo hizo saber al momento.

- Naia, ¿podemos hablar? -decía enfadado.
- No, ahora no. Estoy con mis amigas. Después si quieres.
- Por favor. -y cogiéndome del brazo me sacaba fuera de aquel bar. -¿Se puede saber que haces?
- ¿Qué hago de qué?
- Con ese.
- ¿Con Raúl? Lo mismo que tú con Alba.
- Yo no hago nada con Alba.
- Adrián, lleva cinco días aquí y desde que llegó te has olvidado de mi. Pero no te preocupes, que no hará falta que te vuelvas a acordar de que tenías novia, porque creo que ya no la tienes. Ha estado bien, no hemos durado ni un mes -y sin mas, dejándole con la palabra en la boca, me fui.

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