- Naia, ¿qué te ocurre? Desde que salimos de casa estás rarísima.
- Volver a ver a Adrián me ha aturdido demasiado -suspiraba.
- ¿No te has alegrado de volver a verle?
- Claro que me he alegrado Jani. Cuando le he visto lo que mas me apetecía hacer era correr hacia él y abrazarle como nunca lo hice, pero no debía, o no podía, no sé...
- Habla con él.
- ¿Para qué? Fue él quien no quiso saber mas de mi...
- ¿Alguna vez le has preguntado por qué se fue de esa manera?
- No he vuelto ha hablar con él desde que se marchó. Nunca hizo el intento de ponerse en contacto conmigo.
- Pues yo creo que ahora es el momento, nena. -me decía mientras me acariciaba la mejilla.
Quizá Jani tenía razón y tenía que hablar con Adrián, pero no me sentía con fuerzas suficientes para acercarme a él, necesitaba saber muchas cosas, pero necesitaba que fuese él quien se acercase a mi para explicarme todo eso que un día pasó.
Los días pasaban y nos habíamos cruzado un par de veces al salir de casa, pero lo único que había sido capaces de decirnos es un simple hola e irnos cada uno hacia un sitio distinto. Poco a poco iba asumiendo que no había solución para todo esto y que era un simple vecino como otro cualquiera, pero una vez mas volvió a descolocar mi vida.
Aquel día Janire salió para hacer la compra así que me quedé sola en casa. Estaba recogiendo la cocina cuando llamaron al timbre, pensé que sería Jani que volvía de la compra y con las bolsas no podía sacar las llaves, pero al abrir me quedé paralizada.
- ¿Qué haces aquí? -dije como pude.
- Necesito hablar contigo. ¿Puedo pasar? -me aparté de la puerta, pasó y continuó -Creo que tengo demasiadas cosas que explicarte.
- Quizá es un poco tarde para explicaciones, ¿no crees, Adri? -nos sentamos en el sillón y después de un largo silencio consiguió romper el hielo.
- Sé que contigo he hecho todo mal. Sé que probablemente todo lo que te diga ahora no va a servir para nada, pero no puedo quedarme mas tiempo con esto dentro. -decía mientras se le entrecortaba la voz. -Lo siento Naia. Siento haberme ido de Oviedo sin despedirme de ti. Siento no haber tratado de seguir en contacto contigo. Siento todo esto. Pero creí que sería lo mejor para ti. Pensé que para mi también sería lo mejor, pero me he dado cuenta, aunque no lo creas, de que sin tus consejos no soy el mismo, sin tu ayuda cuando la he necesitado... Sin ti en general, nada es igual.
- ¿Y después de todos estos años me tengo que creer estas palabras? -con lágrimas en los ojos.
- Sé que no tengo ninguna credibilidad, pero es lo que siento.
- Adri, es demasiado tarde. Si tan importante era para ti, ¿por qué cuando te diste cuenta de que me necesitabas no me llamaste? Aunque solo fuese para decirme hola.
- No lo sé. Tenía miedo a que no quisieras saber de mi.
- He estado años esperando esa llamada que nunca llegó. Y ahora, cuando he asumido que te he perdido por completo, resulta que eres mi vecino y me sueltas esto. Las cosas no son tan fáciles. -sin poder aguantar las lágrimas, me levanté y volví a recoger la cocina.
Adrián se marchó cabizbajo y pensativo y yo me quedé llorando desconsoladamente pensando en lo que acababa de pasar. En ese momento llegó Janire y al verme así dejó las bolsas de la compra en el suelo y vino corriendo preocupada a mi. Como pude, pues las lágrimas no paraban de recorrer mis mejillas, la conté la conversación que acababa de tener con Adrián.
- No quiero verte así por un gilipollas como él. -intentaba animarme.
- El problema es que a este gilipollas le quiero demasiado por mucho que lo intente negar. Y saber que le aún le importo ha sido quitarme un peso de encima.
- Ya lo sé. Sé que esto era lo que necesitabas, pero lo tenía que haber hecho hace años, no ahora.
- Es demasiado tarde para todo, pero creemé que no sé cuanto tiempo voy a poder aguantar sin darle un abrazo y decirle que está todo arreglado y que quiero que todo vuelva a ser como antes.
- Si eso es realmente lo que quieres, no lo dudes mas, ves y hazlo. Mi niña, arrepiéntete de lo que hayas hecho y no de lo que nunca has sido capaz de hacer.
- No puedo. No puedo olvidar todo de la noche a la mañana Jani.... -y una vez mas, las lágrimas podían conmigo.
Aquella noche no pude dormir a penas, cuando me quise dar cuenta eran las diez de la mañana, habría dado un par de cabezadas y ya no podía pegar ojo, así que me levanté. Cuando fui al salón, Janire tenía la tele puesta y lo primero que escuché fue; "A las siete de esta misma tarde, en el Vicente Calderón, será presentado Adrián López como nuevo jugador del Atlético de Madrid". Me quedé pálida. Pensaba que estaba en Madrid de vacaciones, sabía que tenía unos tíos que vivían por aquí y creía que solo seríamos vecinos por unos días o quizá semanas, no por algunos años. Todo se complicaba por momentos.
Esa tarde, Jani me sacó a regañadientes de casa y acabamos donde nunca hubiese ido por mi misma, en el Calderón.
- ¿Qué hacemos aquí? -dije mirándola desafiante.
- Me han pedido que te traiga y no podía decir que no.
- ¿Quién te ha pedido que me traigas?
- No puedo decirte nada.
- Janire, por favor.
- Ten paciencia, en un rato lo sabrás.
Entramos al estadio, Jani habló con vete a saber quien y nos colocaron donde estaban los familiares que habían venido con el jugador. No entendía muy bien que hacíamos ahí, pero parecía que Janire lo tenía todo controlado. Aquello se fue llenando y llegó el momento de que Adrián saliese. Al salir nuestras miradas se cruzaron y sentí el estómago en la boca. Me puse muy nerviosa. Acabó el acto y cuando pensé que todo aquello iba a terminarse y podría volver a casa, me encontré con que mi amiga me tapaba los ojos y me metía en el coche con dirección nadie sabe cual. El coche se paró, Janire o eso creía yo se bajó, me abrió la puerta y me ayudó a bajar. Mi sorpresa fue cuando al destaparme los ojos descubrí que la persona con la que había ido en el coche no era ella.
Los días pasaban y nos habíamos cruzado un par de veces al salir de casa, pero lo único que había sido capaces de decirnos es un simple hola e irnos cada uno hacia un sitio distinto. Poco a poco iba asumiendo que no había solución para todo esto y que era un simple vecino como otro cualquiera, pero una vez mas volvió a descolocar mi vida.
Aquel día Janire salió para hacer la compra así que me quedé sola en casa. Estaba recogiendo la cocina cuando llamaron al timbre, pensé que sería Jani que volvía de la compra y con las bolsas no podía sacar las llaves, pero al abrir me quedé paralizada.
- ¿Qué haces aquí? -dije como pude.
- Necesito hablar contigo. ¿Puedo pasar? -me aparté de la puerta, pasó y continuó -Creo que tengo demasiadas cosas que explicarte.
- Quizá es un poco tarde para explicaciones, ¿no crees, Adri? -nos sentamos en el sillón y después de un largo silencio consiguió romper el hielo.
- Sé que contigo he hecho todo mal. Sé que probablemente todo lo que te diga ahora no va a servir para nada, pero no puedo quedarme mas tiempo con esto dentro. -decía mientras se le entrecortaba la voz. -Lo siento Naia. Siento haberme ido de Oviedo sin despedirme de ti. Siento no haber tratado de seguir en contacto contigo. Siento todo esto. Pero creí que sería lo mejor para ti. Pensé que para mi también sería lo mejor, pero me he dado cuenta, aunque no lo creas, de que sin tus consejos no soy el mismo, sin tu ayuda cuando la he necesitado... Sin ti en general, nada es igual.
- ¿Y después de todos estos años me tengo que creer estas palabras? -con lágrimas en los ojos.
- Sé que no tengo ninguna credibilidad, pero es lo que siento.
- Adri, es demasiado tarde. Si tan importante era para ti, ¿por qué cuando te diste cuenta de que me necesitabas no me llamaste? Aunque solo fuese para decirme hola.
- No lo sé. Tenía miedo a que no quisieras saber de mi.
- He estado años esperando esa llamada que nunca llegó. Y ahora, cuando he asumido que te he perdido por completo, resulta que eres mi vecino y me sueltas esto. Las cosas no son tan fáciles. -sin poder aguantar las lágrimas, me levanté y volví a recoger la cocina.
Adrián se marchó cabizbajo y pensativo y yo me quedé llorando desconsoladamente pensando en lo que acababa de pasar. En ese momento llegó Janire y al verme así dejó las bolsas de la compra en el suelo y vino corriendo preocupada a mi. Como pude, pues las lágrimas no paraban de recorrer mis mejillas, la conté la conversación que acababa de tener con Adrián.
- No quiero verte así por un gilipollas como él. -intentaba animarme.
- El problema es que a este gilipollas le quiero demasiado por mucho que lo intente negar. Y saber que le aún le importo ha sido quitarme un peso de encima.
- Ya lo sé. Sé que esto era lo que necesitabas, pero lo tenía que haber hecho hace años, no ahora.
- Es demasiado tarde para todo, pero creemé que no sé cuanto tiempo voy a poder aguantar sin darle un abrazo y decirle que está todo arreglado y que quiero que todo vuelva a ser como antes.
- Si eso es realmente lo que quieres, no lo dudes mas, ves y hazlo. Mi niña, arrepiéntete de lo que hayas hecho y no de lo que nunca has sido capaz de hacer.
- No puedo. No puedo olvidar todo de la noche a la mañana Jani.... -y una vez mas, las lágrimas podían conmigo.
Aquella noche no pude dormir a penas, cuando me quise dar cuenta eran las diez de la mañana, habría dado un par de cabezadas y ya no podía pegar ojo, así que me levanté. Cuando fui al salón, Janire tenía la tele puesta y lo primero que escuché fue; "A las siete de esta misma tarde, en el Vicente Calderón, será presentado Adrián López como nuevo jugador del Atlético de Madrid". Me quedé pálida. Pensaba que estaba en Madrid de vacaciones, sabía que tenía unos tíos que vivían por aquí y creía que solo seríamos vecinos por unos días o quizá semanas, no por algunos años. Todo se complicaba por momentos.
Esa tarde, Jani me sacó a regañadientes de casa y acabamos donde nunca hubiese ido por mi misma, en el Calderón.
- ¿Qué hacemos aquí? -dije mirándola desafiante.
- Me han pedido que te traiga y no podía decir que no.
- ¿Quién te ha pedido que me traigas?
- No puedo decirte nada.
- Janire, por favor.
- Ten paciencia, en un rato lo sabrás.
Entramos al estadio, Jani habló con vete a saber quien y nos colocaron donde estaban los familiares que habían venido con el jugador. No entendía muy bien que hacíamos ahí, pero parecía que Janire lo tenía todo controlado. Aquello se fue llenando y llegó el momento de que Adrián saliese. Al salir nuestras miradas se cruzaron y sentí el estómago en la boca. Me puse muy nerviosa. Acabó el acto y cuando pensé que todo aquello iba a terminarse y podría volver a casa, me encontré con que mi amiga me tapaba los ojos y me metía en el coche con dirección nadie sabe cual. El coche se paró, Janire o eso creía yo se bajó, me abrió la puerta y me ayudó a bajar. Mi sorpresa fue cuando al destaparme los ojos descubrí que la persona con la que había ido en el coche no era ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario