viernes, 19 de julio de 2013

Capítulo 2.

- ¿Me puedes explicar que hago aquí? -decía como podía, con la voz temblorosa de los nervios, sin saber muy bien que estaba pasando. -¿Dónde está Janire?
- Janire me ha ayudado con todo esto...
- Adrián, ¿qué quieres?
- Quiero que me perdones. Quiero que entre tu y yo todo vuelva a ser como antes de irme. -estaba temblando de los nervios que tenía.
- ¿No te das cuenta de que es demasiado tarde? Hace mas de cinco años que te olvidaste de mi.
- Nunca me he olvidado de ti.
- Pues lo disimulabas realmente bien... Adri, ni siquiera fuiste capaz de llamarme en los cumpleaños. ¿Sabes que pedía siempre cuando me decían aquello de que pidiese un deseo antes de soplar las velas? -tragué saliva y continué -Que la próxima vez que sonase el teléfono, fueses tu. Ni siquiera quería que aparecieses por la puerta, sabía que estabas lejos, pero una llamada, una mísera llamada. Nunca se cumplió. -y como empezaba a ser habitual en mi últimamente, me eché a llorar.
- Naia, tienes mil regalos mios. Nunca supiste que eran mios, pero cada año te enviaba un pequeño detalle. -me quedé paralizada. Cada año llegaba un paquete a casa, pero nunca supe de quien era. Mi madre decía que sería mi hermano el mayor que vivía en Barcelona. -¿Esto te suena de algo? -sacó sus llaves y me enseñó la mitad de un corazón con una N.
- Yo tengo uno igual pero con una A. -busqué en el bolso y saqué mis llaves, siempre lo llevaba. Lo juntamos y encajaban perfectamente. Volví a llorar.
- Lo siento, de verdad Naia. Lo he hecho todo mal, pero no puedo vivir pegado a ti y no poder correr a abrazarte cada vez que te vea como hacía antes. Déjame recuperar estos años, por favor. -me decía con los ojos llenos de lágrimas.
No pude aguantar mas. Le abracé. Fuerte. Muy fuerte. Por todos estos años que había estado lejos. Lo necesitaba como el comer. Le había echado mucho de menos.

Después de aquello parecia que todo volvía a ser como hacía años lo era en Oviedo. Pasábamos horas juntos, recordando viejos tiempos, hablando de nuestras cosas, aconsejándonos. Era igual, pero a la vez era diferente. Yo ahora tenía veinte años y aunque la diferencia de edad era la misma, entre nosotros había aparecido algo que nunca había habido. Nos mirábamos distinto. Había una tensión que jamás había sentido. Era una sensación un tanto extraña, pero no le llegué a dar importancia, hacía mucho que ni nos veíamos ni hablábamos y suponía que sería por eso, aún así, Janire no paraba de decirme que entre nosotros había algo mas que todo lo que decíamos.

Un día, llegué de correr y al abrir la puerta salía Adrián. Me dio un beso, me dijo su típico buenos días pitufa, y se marchó. No entendía nada.

- Jani, ¿qué hacía Adrián aquí? -le decía sorprendida.
- Ha venido a por sal.
- ¿A por sal? Pero si se ha ido sin nada...
- Vale, no ha venido a por sal, pero no puedo decirte a que vino.
- ¿Vas a ser tan perra que no me lo vas a contar y me vas a dejar con la intriga?
- Exacto. -reía -Pronto lo sabrás.

Pasaban los días y seguían los secretos entre Janire y Adrián. Él venía a casa cuando yo no estaba. Ella me decía que se iba a dar un paseo y acaba en su casa. No entendía nada y mi mente pensaba demasiadas cosas. No sé porque pero llegué a sentir celos al pensar que entre ellos podía estar habiendo algo.

Viernes. Mi cumpleaños. 21. Mil llamadas de familiares y amigos. Jani me preparó el desayuno como adelanto a mi regalo. Pero a pesar de todo, no podía estar feliz. Adrián no había dado señales de vida.
Por la tarde Janire consiguió sacarme un ratito de casa, para así despejarme y no pensar en nada. Lo consiguió. Me evadí un poco de todo y pude disfrutar un rato con mi amiga. A eso de la nueve volvimos a casa. Fui la primera en entrar y nada mas cruzar la puerta, alguien me tapó los ojos, me agarró por la cintura y me susurró al oído; Felicidades pitufa. Se me pusieron los pelos de punta. Al destaparme los ojos me encontré a mis padres, a mis hermanos y mis amigos de toda la vida en el salón de mi casa. No pude contener las lágrimas. Miré a Janire y ella sin decirme nada miró a Adrián. Él lo había planeado todo. Fui hacía él y le abracé. No le dije nada mas. Me entendió sin cruzar una palabra.
Fue una noche perfecta. Derepente, Jani me cogió y empezó a contarme algo que nunca me hubiera imaginado.

- Tengo que contarte una cosa. -decía poniéndose seria.
- No te pongas tan seria, me asustas.
- Estos días he estado hablando mucho con Adri, para prepararte todo esto y me ha acabado confensando algo.
- ¿El qué? -no entendía nada.
- ¿De verdad no sabes de que te hablo?
- Pues no...
- Naia, que le gustas.
- ¿Que qué? -dije sorprendida.
- Me contaba que desde que te vio el primer día, sintió algo que nunca había sentido y cuando lo arreglastéis, aquello que sintió se multiplicó por diez. -me estaba quedando blanca. -Me sorprende que no hayas notado nada, cuando os veo juntos, os miráis de una forma que nunca os habéis mirado.
- Las miradas de las que hablas yo también las he sentido, pero ha sido tanto tiempo sin vernos que pensé que era por eso.
- Pues no Naia, no. A Adrián le gustas.

Me quedé perpleja por lo que Janire me acababa de decir y salí a la terraza a tomar el aire, lo necesitaba. Al rato de estar asimilando todo, o al menos intentándolo, apareció Adrián abranzándome por la cintura dándome un beso en el cuello. Reaccioné, después de todo, de la peor manera que podía imaginar y con la persona que menos se lo merecía.
Pasé la fiesta comiéndome la cabeza, pensando en lo que Janire me había contado y en como había reaccionado con Adrián, pues desde que le bufé en la terraza, no se había vuelto a acercar a mi.
La gente ya se había ido, solo quedaba Adri que estaba ayudándonos a recoger. Fui un segundo al baño y al salir, se estaba despidiendo de Janire.

- Lo siento, no pensé que fuese a reaccionar así -le decía ella.
- No te preocupes. No tenía que haberle dicho nada, ahora ni la tendré como la quiero ni como amiga. En un momento he perdido a la persona que mas quiero. -y cabizbajo se volvió a su casa.

1 comentario: