lunes, 29 de julio de 2013

Capítulo 4.

- Naia no te vayas -me decía mientras venías detrás mio. -¿Vas a dejar que todo acabe como nunca has querido?
- Yo no quiero que nada acabe, te lo has buscado tu solito.
- ¿Yo? -se sorprendía. -Has sido tú la que has empezado a tontear con el tio ese delante de mis narices.
- Adrián, Raúl es gay. Si he hecho todo esto era para que reaccionases porque desde que vino Alba te has olvidado de mi.
- No me he olvidado de ti. Alba es una amiga...
- Alba es una ex novia que lleva queriendo volver contigo desde que te fuiste de Oviedo. Ha venido porque sabe que estamos juntos y ha conseguido lo que quería, que pasases de mi. Parece mentira que no la conozcas Adri.
- ¿Interrumpo algo? -decía Alba con aire de superioridad. -Si es así, lo siento, pero me llevo a tu compañero, querida, me debe un baile.
- Alba suéltame, estoy hablando con ella.
- ¿Para qué? Dentro seguro que te lo pasas mejor. Venga vente.
- Mira Adri, yo me voy eh? No hay nada mas que hablar.
- Si que hay mas que hablar Naia. No quiero que esto acabe.
- Pues vente conmigo y hablamos en casa tranquilamente.
- Y que hago, ¿les dejo solos? He venido con ellos...
- Tu decides, ella o yo. Está en tu mano.
- Alba, lo siento. Despídete de ellos de mi parte, no puedo dejar que se vaya. -decía dándome la mano y alejándonos, mientrás dejaba a Alba en mitad de la calle, dándose cuenta que no tenía mucho que hacer.

Estuvimos todo el camino sin hablar, sin saber que decirnos, ni siquiera éramos capaces de mirarnos a la cara. Por suerte el pub donde nos encontramos no estaba demasiado lejos, bastante incómodo era ir así como para además que el camino fuese largo.
Llegamos a mi casa y allí estuvimos otro buen rato sin saber que decirnos, hasta que él consiguió romper el hielo.

- Lo siento. En ningún momento quería que todo esto pasase, nunca pensé que Alba viniese para que terminásemos con todo.
- Joder Adri, pareces nuevo. Sabes como ha sido siempre Alba con nuestra relación, que hasta cuando estabáis juntos dudaba de lo que pudiese haber.
- Ya lo sé... Pero creí que había cambiado. Pensé que podíamos ser amigos...

En ese momento llamaron a la puerta. Me levanté a abrir y era Alba, tenía ganas de guerra.

- Adri, vamos a casa ¿no?
- Alba estamos hablando. Ve tú.
- Pero dile ya que vamos a volver, que la vas a dejar por mi.
- ¿Cómo? -dije mirando a Adrián para que me diera una explicación para lo que acababa de escuchar.
- Naia, nunca la he dicho que te vaya a dejar por ella. Ni siquiera me lo he replanteado. Sabes perfectamente lo que siento.
- Y lo que sientes, lo sientes por mi. -apuntaba Alba
- Alba ya esta bien. -decía enfadado Adrián. -Si sólo has venido a Madrid para intentar que deje a Naia para volver contigo, puedes irte yendo a Oviedo.
- Pero si hacía años que no sabías de ella, no me cuentes historias...
- Y no te imaginas lo que me arrepiento de haberme alejado de ella tantísimo. Encontrarme con ella ha sido lo mejor que me ha pasado y ha servido primero para darme cuenta de lo estúpido que fui al irme de Oviedo y dejarla allí y segundo para darme cuenta de que la quiero mucho mas de lo que imaginaba y no solo como mi mejor amiga, si no como algo mucho mas especial.
- Está bien, si lo que quieres es que me vaya, no dudes que lo haré, pero yo sé que aún me quieres..

Alba se fue y no sabía que decirle a Adri después de lo que acababa de decir. Él se acercó a mi y me agarró de la cincura.

- Lo siento Naia, no quería que todo acabase así... -me susurraba al oído mientras me abrazaba.
- ¿Todo lo que le acabas de decir a Alba es verdad?
- ¿El qué? ¿Que encontrarme contigo ha sido lo mejor que me ha pasado?
- Si...
- ¿Aún lo dudas?
- No lo sé... Al principio pensaba que sí, pero cuando vino ella dudé muchas cosas...
- Te voy a contar una cosa que nadie sabe. Cuando me fui de Oviedo me planteé muchas veces que te vinieses conmigo a vivir a A Coruña, sentía que ni quería ni podía tenerte lejos, pero me di cuenta de que estaba siendo muy egoista alejándote de tu entorno. Hice muy mal en irme sin decirte nada, pero no me sentía con las suficientes fuerzas para despedirme de la persona mas importante para mi. Me he arrepentido cada día de no llevarte conmigo, pero prefiero pensar que hice lo correcto y que tenía que pasar todo esto para que me diese cuenta de que lo que necesito para ser completamente feliz es tenerte a mi lado.
- Habrá que buscarle el lado positivo a todo, supongo. -dije como pude, me habia dejado sin palabras después de lo que acababa de decirme. -Pero déjame decirte una cosa; si me hubieras pedido que me fuese contigo, me hubiese ido con los ojos cerrados.
- Lo importante es que ahora estamos juntos, para siempre.
- ¿Me prometes que nunca mas me vas a dejar sola?
- Te lo prometo.

Y en ese momento de mil promesas que teníamos la esperanza que nunca se rompiesen, nos fundimos en un beso, un beso de esos que siempre ves en las películas y en los que nadie dice nada pero que sabes o presientes que son de los de verdad, con los que sientes cosas especiales, de esos que no olvidas probablemente en mucho tiempo.
A pesar de todo, ahora que habíamos conseguido sentar la cabeza el uno con el otro, empezaba la pretemporada con el Atleti y tenía que irse a Segovia a concentrarse con el equipo por un par de semanas. Esto era mucho mas complicado de lo que los dos jamás habíamos pensado.

miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 3.

Tenía que decirle a Adrián que no me había perdido, pero no me sentía con fuerzas. Necesitaba dormir y pensar en todo lo que me había pasado en menos de una hora. Eso hice, me fui a la cama e intenté dormir el mayor tiempo posible; caí rendida al momento.
Un ruido extraño me despertó derepente. Miré el reloj y eran las tres de la tarde, así que me levanté y fui al salón. Allí estaba Janire, comiendo algo.

- Tienes comida en la cocina. -me decía aún con voz dormida.
- Gracias. Ahora no tengo hambre, después comeré algo. -y me sentaba con ella en el sillón.
- Nena, tienes que hablar con Adrián...
- Ya lo sé, pero no sé como.
- Ayer se fue de aquí mal, pensando que se había equivocado al hacerte saber que le gustabas....
- Antes de irse le escuché decirte que me había perdido.
- Y lo sigue creyendo. Habla con él... -y mirándome fijamente continuó. -A mi no me engañas Naia, yo sé que tu sientes lo mismo por él, pero el miedo te puede.
- Tengo miedo a que no salga bien y se acabe todo entre nosotros.
- ¿Puede dejar de pensar estupideces? Estos días, mientras te preparábamos la fiesta de cumple, he podido conocer más  a Adrián que todo el tiempo que estuvimos en Teverga, y Naia, lo que ese chico te quiere no es normal. Te puedo asegurar que si empezáis algo y por algún extraño motivo eso se acaba, nunca le perderás. Ya está bien escarmentado creemé. Habla con él. No pierdas la oportunidad.

Jani tenía razón, pero no estaba preparada. Todo lo que decía era cierto, yo también sentía algo por él, algo que nunca había sentido y que en nuestro encuentro sorpresa sentí desde el primer momento. El miedo seguía presente, no lo podía evitar.
A pesar de tener una buena resaca, salí a dar un paseo por el barrio, a despejarme. Me puse los cascos, puse la música a todo volumen y comencé a andar sin rumbo hasta que derepente vi a lo lejos a Adrián sentado en un banco, pensativo. Era ahora o nunca. Tenía que hablar con él.

- ¿Puedo sentarme? -le dije tímidamente.
- Claro. -sonrió.
- Tenemos que hablar. Creo que te debo una explicación.
- No Naia. La he vuelto a cagar y no... -no le dejé terminar.
- Adri para. No la has vuelto a cagar. Yo también siento eso que tú sientes.
- ¿Cómo? -decía sorprendido.
- Pues eso. Que siento por ti lo mismo que tú por mi. Ayer en la fiesta reaccioné mal porque tengo mucho miedo a perderte. Ya lo he vivido una vez y no quiero volver a pasar por ello.
- No me vas a volver a perder. Te lo prometo. -decia agarrando mi mano.
- No va a salir bien Adri... -le ponía una sonrisa de medio lado.
- ¿Y cómo lo sabes si no lo has intentado? -me devolvía esa sonrisa.
- Las relaciones entre amigos no salen bien.
- Si hay amor se supone que eso da igual, ¿no? -volvía a sonreír acercándose cada vez mas.
- Se supone....  Adri, lo último que quiero es que por empezar algo, después acabemos mal y perdamos todo.
- No adelantes acontecimientos antes de tiempo. -se acercó de nuevo y esta vez nuestras frentes se juntaron, puso sus manos en mis mejillas y me besó. -Déjame demostrarte que quiero estar contigo. -y volvió a besarme.

Aquello sería el principio de algo que no sabríamos por donde iba a tirar, pero de lo cual los dos estábamos orgullosos de intentar, aún así, no todo saldría como nos gustaría a los dos.


Habían pasado un par de semanas desde que Adrián y yo estábamos juntos y parecía que todo nos iba bien. Nos entendíamos y nos queríamos. Nada podía estropear lo que entre los dos poco a poco estábamos construyendo. Pero un día, apareció por sorpresa Alba, una ex de Adrián con la que nunca me había llevado demasiado bien, ella siempre pensó que entre Adri y yo había algo, no entendía que éramos amigos, sólo amigos. Llegó con la intención de volver con él. Cuando Adrián se fue a A Coruña ella estuvo allí con él al menos dos meses, después lo dejaron, ella volvió a Teverga y no volvieron a saber el uno del otro a pesar de que Alba no dejaba de llamarle continuamente. Nunca le habia olvidado, siempre le quiso. Lo que no se esperaba era encontrarnos juntos de nuevo y de la manera que siempre había imaginado, pero que siempre también, le habíamos negado.

- Hola Adri -le dijo cuando éste abrió la puerta.
- ¿Qué haces aquí Alba? -se sorprendía Adrián.
- Si no vienes tu a verme a mi, tenía que venir a verte yo. ¿No me vas a dejar entrar?
- Ehhhrr.. Si, pasa, pasa -decía un poco descolocado.
- Ah.... que tú también estás aquí -decía bajando el volumen. -Hola Naia.
- Hola Alba. -la dije. -Adri yo me voy. Os dejo que habléis de vuestras cosas. Ya vamos al cine otro día.
- No, quédate. Me visto nos vamos.
- ¿Y ella?
- Que se venga.. Alba, ¿te vienes al cine?
- Vale -decía ella tan contenta.

Nos fuimos los tres al cine y estoy segura que si me hubiese ido, ninguno de los dos hubiese notado mi ausencia, de echo lo hubiesen agradecido. Hacía un par de horas que Alba había parecido y ya estaba consiguiendo lo que quería, tener a Adrián todo para ella. Tenía una habitación en un hotel de cerca, pero Adrián no la dejó irse y la obligó a quedarse en su casa. Aquello ya remató mi enfado. Le di un pequeño beso y me fui. Él se quedó un poco extrañado por mi reacción, pero le duró poco, tenía entretenimiento.
A la mañana siguiente esperaba como todas las mañanas, que cuando me despertase estuviese él preparando el desayuno, pero no, esa mañana era Janire la que estaba metida en la cocina.

- ¿Y Adri? -le pregunté extrañada.
- No lo sé. No vino aún.
Volví al cuarto para recoger la habitación. Abrí la ventana y vi a Alba y Adrián paseando demasiado juntos. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero esperaba que él reaccionase antes de tener que decirle nada.

Pasaron los días y Alba seguía en Madrid, en casa de Adrián. Desde que llegó había visto a Adrián dos días y mal contados. Esa noche tocaba fiesta con las chicas, Jani me obligaba a salir, decía que me pasaba el día encerrada en casa por culpa de un novio que se había olvidado de mi, así que tenía que desahogarme. Así hice, pero poco me duró la alegría. Entramos en un pub y lo primero que vi fue a un grupito de amigos entre los que estaban Adrián y Alba demasiado juntitos. Mi cara lo dijo todo y las chicas se dieron cuenta.

- Naia, ahora va a venir mi hermano Raúl,  le contamos todo y le das celos a Adrián. -me decía Saray.
- Me voy a mi casa...
- Tu no te vas. Tu novio va a probar de su propia medicina.

Llegó Raúl, el hermano de Saray y le contaron toda la historia. Aceptó encantado en darle celos a Adrián. Éste ya nos había visto y había venido a saludar, pero no hizo la intención de quedarse ni de invitarme a quedarme con ellos y presentarme a sus amigos.
Cada vez que miraba, Raúl me abrazaba, me daba un beso en la mejilla, me agarraba de la cintura.. Mil gestos que a Adrián no le gustaron nada y me lo hizo saber al momento.

- Naia, ¿podemos hablar? -decía enfadado.
- No, ahora no. Estoy con mis amigas. Después si quieres.
- Por favor. -y cogiéndome del brazo me sacaba fuera de aquel bar. -¿Se puede saber que haces?
- ¿Qué hago de qué?
- Con ese.
- ¿Con Raúl? Lo mismo que tú con Alba.
- Yo no hago nada con Alba.
- Adrián, lleva cinco días aquí y desde que llegó te has olvidado de mi. Pero no te preocupes, que no hará falta que te vuelvas a acordar de que tenías novia, porque creo que ya no la tienes. Ha estado bien, no hemos durado ni un mes -y sin mas, dejándole con la palabra en la boca, me fui.

viernes, 19 de julio de 2013

Capítulo 2.

- ¿Me puedes explicar que hago aquí? -decía como podía, con la voz temblorosa de los nervios, sin saber muy bien que estaba pasando. -¿Dónde está Janire?
- Janire me ha ayudado con todo esto...
- Adrián, ¿qué quieres?
- Quiero que me perdones. Quiero que entre tu y yo todo vuelva a ser como antes de irme. -estaba temblando de los nervios que tenía.
- ¿No te das cuenta de que es demasiado tarde? Hace mas de cinco años que te olvidaste de mi.
- Nunca me he olvidado de ti.
- Pues lo disimulabas realmente bien... Adri, ni siquiera fuiste capaz de llamarme en los cumpleaños. ¿Sabes que pedía siempre cuando me decían aquello de que pidiese un deseo antes de soplar las velas? -tragué saliva y continué -Que la próxima vez que sonase el teléfono, fueses tu. Ni siquiera quería que aparecieses por la puerta, sabía que estabas lejos, pero una llamada, una mísera llamada. Nunca se cumplió. -y como empezaba a ser habitual en mi últimamente, me eché a llorar.
- Naia, tienes mil regalos mios. Nunca supiste que eran mios, pero cada año te enviaba un pequeño detalle. -me quedé paralizada. Cada año llegaba un paquete a casa, pero nunca supe de quien era. Mi madre decía que sería mi hermano el mayor que vivía en Barcelona. -¿Esto te suena de algo? -sacó sus llaves y me enseñó la mitad de un corazón con una N.
- Yo tengo uno igual pero con una A. -busqué en el bolso y saqué mis llaves, siempre lo llevaba. Lo juntamos y encajaban perfectamente. Volví a llorar.
- Lo siento, de verdad Naia. Lo he hecho todo mal, pero no puedo vivir pegado a ti y no poder correr a abrazarte cada vez que te vea como hacía antes. Déjame recuperar estos años, por favor. -me decía con los ojos llenos de lágrimas.
No pude aguantar mas. Le abracé. Fuerte. Muy fuerte. Por todos estos años que había estado lejos. Lo necesitaba como el comer. Le había echado mucho de menos.

Después de aquello parecia que todo volvía a ser como hacía años lo era en Oviedo. Pasábamos horas juntos, recordando viejos tiempos, hablando de nuestras cosas, aconsejándonos. Era igual, pero a la vez era diferente. Yo ahora tenía veinte años y aunque la diferencia de edad era la misma, entre nosotros había aparecido algo que nunca había habido. Nos mirábamos distinto. Había una tensión que jamás había sentido. Era una sensación un tanto extraña, pero no le llegué a dar importancia, hacía mucho que ni nos veíamos ni hablábamos y suponía que sería por eso, aún así, Janire no paraba de decirme que entre nosotros había algo mas que todo lo que decíamos.

Un día, llegué de correr y al abrir la puerta salía Adrián. Me dio un beso, me dijo su típico buenos días pitufa, y se marchó. No entendía nada.

- Jani, ¿qué hacía Adrián aquí? -le decía sorprendida.
- Ha venido a por sal.
- ¿A por sal? Pero si se ha ido sin nada...
- Vale, no ha venido a por sal, pero no puedo decirte a que vino.
- ¿Vas a ser tan perra que no me lo vas a contar y me vas a dejar con la intriga?
- Exacto. -reía -Pronto lo sabrás.

Pasaban los días y seguían los secretos entre Janire y Adrián. Él venía a casa cuando yo no estaba. Ella me decía que se iba a dar un paseo y acaba en su casa. No entendía nada y mi mente pensaba demasiadas cosas. No sé porque pero llegué a sentir celos al pensar que entre ellos podía estar habiendo algo.

Viernes. Mi cumpleaños. 21. Mil llamadas de familiares y amigos. Jani me preparó el desayuno como adelanto a mi regalo. Pero a pesar de todo, no podía estar feliz. Adrián no había dado señales de vida.
Por la tarde Janire consiguió sacarme un ratito de casa, para así despejarme y no pensar en nada. Lo consiguió. Me evadí un poco de todo y pude disfrutar un rato con mi amiga. A eso de la nueve volvimos a casa. Fui la primera en entrar y nada mas cruzar la puerta, alguien me tapó los ojos, me agarró por la cintura y me susurró al oído; Felicidades pitufa. Se me pusieron los pelos de punta. Al destaparme los ojos me encontré a mis padres, a mis hermanos y mis amigos de toda la vida en el salón de mi casa. No pude contener las lágrimas. Miré a Janire y ella sin decirme nada miró a Adrián. Él lo había planeado todo. Fui hacía él y le abracé. No le dije nada mas. Me entendió sin cruzar una palabra.
Fue una noche perfecta. Derepente, Jani me cogió y empezó a contarme algo que nunca me hubiera imaginado.

- Tengo que contarte una cosa. -decía poniéndose seria.
- No te pongas tan seria, me asustas.
- Estos días he estado hablando mucho con Adri, para prepararte todo esto y me ha acabado confensando algo.
- ¿El qué? -no entendía nada.
- ¿De verdad no sabes de que te hablo?
- Pues no...
- Naia, que le gustas.
- ¿Que qué? -dije sorprendida.
- Me contaba que desde que te vio el primer día, sintió algo que nunca había sentido y cuando lo arreglastéis, aquello que sintió se multiplicó por diez. -me estaba quedando blanca. -Me sorprende que no hayas notado nada, cuando os veo juntos, os miráis de una forma que nunca os habéis mirado.
- Las miradas de las que hablas yo también las he sentido, pero ha sido tanto tiempo sin vernos que pensé que era por eso.
- Pues no Naia, no. A Adrián le gustas.

Me quedé perpleja por lo que Janire me acababa de decir y salí a la terraza a tomar el aire, lo necesitaba. Al rato de estar asimilando todo, o al menos intentándolo, apareció Adrián abranzándome por la cintura dándome un beso en el cuello. Reaccioné, después de todo, de la peor manera que podía imaginar y con la persona que menos se lo merecía.
Pasé la fiesta comiéndome la cabeza, pensando en lo que Janire me había contado y en como había reaccionado con Adrián, pues desde que le bufé en la terraza, no se había vuelto a acercar a mi.
La gente ya se había ido, solo quedaba Adri que estaba ayudándonos a recoger. Fui un segundo al baño y al salir, se estaba despidiendo de Janire.

- Lo siento, no pensé que fuese a reaccionar así -le decía ella.
- No te preocupes. No tenía que haberle dicho nada, ahora ni la tendré como la quiero ni como amiga. En un momento he perdido a la persona que mas quiero. -y cabizbajo se volvió a su casa.

jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo 1.

Nos recorrimos todo el pueblo para ver un poco como era y que era lo que teníamos alrededor. Compramos un par de cosas para comer y volvimos a casa. En todo el camino no había sido capaz de quitarme de la cabeza lo de Adrián, hacía muchos años que no sabía de él, lo había pasado realmente mal y ahora que mas o menos había conseguido asumir que aquella amistad se había terminado, volvía a aparecer.

- Naia, ¿qué te ocurre? Desde que salimos de casa estás rarísima. 
- Volver a ver a Adrián me ha aturdido demasiado -suspiraba.
- ¿No te has alegrado de volver a verle?
- Claro que me he alegrado Jani. Cuando le he visto lo que mas me apetecía hacer era correr hacia él y abrazarle como nunca lo hice, pero no debía, o no podía, no sé...
- Habla con él.
- ¿Para qué? Fue él quien no quiso saber mas de mi...
- ¿Alguna vez le has preguntado por qué se fue de esa manera?
- No he vuelto ha hablar con él desde que se marchó. Nunca hizo el intento de ponerse en contacto conmigo.
- Pues yo creo que ahora es el momento, nena. -me decía mientras me acariciaba la mejilla.

Quizá Jani tenía razón y tenía que hablar con Adrián, pero no me sentía con fuerzas suficientes para acercarme a él, necesitaba saber muchas cosas, pero necesitaba que fuese él quien se acercase a mi para explicarme todo eso que un día pasó.
Los días pasaban y nos habíamos cruzado un par de veces al salir de casa, pero lo único que había sido capaces de decirnos es un simple hola e irnos cada uno hacia un sitio distinto. Poco a poco iba asumiendo que no había solución para todo esto y que era un simple vecino como otro cualquiera, pero una vez mas volvió a descolocar mi vida.

Aquel día Janire salió para hacer la compra así que me quedé sola en casa. Estaba recogiendo la cocina cuando llamaron al timbre, pensé que sería Jani que volvía de la compra y con las bolsas no podía sacar las llaves, pero al abrir me quedé paralizada.

- ¿Qué haces aquí? -dije como pude.
- Necesito hablar contigo. ¿Puedo pasar? -me aparté de la puerta, pasó y continuó -Creo que tengo demasiadas cosas que explicarte.
- Quizá es un poco tarde para explicaciones, ¿no crees, Adri? -nos sentamos en el sillón y después de un largo silencio consiguió romper el hielo.
- Sé que contigo he hecho todo mal. Sé que probablemente todo lo que te diga ahora no va a servir para nada, pero no puedo quedarme mas tiempo con esto dentro. -decía mientras se le entrecortaba la voz. -Lo siento Naia. Siento haberme ido de Oviedo sin despedirme de ti. Siento no haber tratado de seguir en contacto contigo. Siento todo esto. Pero creí que sería lo mejor para ti. Pensé que para mi también sería lo mejor, pero me he dado cuenta, aunque no lo creas, de que sin tus consejos no soy el mismo, sin tu ayuda cuando la he necesitado... Sin ti en general, nada es igual.
- ¿Y después de todos estos años me tengo que creer estas palabras? -con lágrimas en los ojos.
- Sé que no tengo ninguna credibilidad, pero es lo que siento.
- Adri, es demasiado tarde. Si tan importante era para ti, ¿por qué cuando te diste cuenta de que me necesitabas no me llamaste? Aunque solo fuese para decirme hola.
- No lo sé. Tenía miedo a que no quisieras saber de mi.
- He estado años esperando esa llamada que nunca llegó. Y ahora, cuando he asumido que te he perdido por completo, resulta que eres mi vecino y me sueltas esto. Las cosas no son tan fáciles. -sin poder aguantar las lágrimas, me levanté y volví a recoger la cocina.

Adrián se marchó cabizbajo y pensativo y yo me quedé llorando desconsoladamente pensando en lo que acababa de pasar. En ese momento llegó Janire y al verme así dejó las bolsas de la compra en el suelo y vino corriendo preocupada a mi. Como pude, pues las lágrimas no paraban de recorrer mis mejillas, la conté la conversación que acababa de tener con Adrián.

- No quiero verte así por un gilipollas como él. -intentaba animarme.
- El problema es que a este gilipollas le quiero demasiado por mucho que lo intente negar. Y saber que le aún le importo ha sido quitarme un peso de encima.
- Ya lo sé. Sé que esto era lo que necesitabas, pero lo tenía que haber hecho hace años, no ahora.
- Es demasiado tarde para todo, pero creemé que no sé cuanto tiempo voy a poder aguantar sin darle un abrazo y decirle que está todo arreglado y que quiero que todo vuelva a ser como antes.
- Si eso es realmente lo que quieres, no lo dudes mas, ves y hazlo. Mi niña, arrepiéntete de lo que hayas hecho y no de lo que nunca has sido capaz de hacer.
- No puedo. No puedo olvidar todo de la noche a la mañana Jani.... -y una vez mas, las lágrimas podían conmigo.

Aquella noche no pude dormir a penas, cuando me quise dar cuenta eran las diez de la mañana, habría dado un par de cabezadas y ya no podía pegar ojo, así que me levanté. Cuando fui al salón, Janire tenía la tele puesta y lo primero que escuché fue; "A las siete de esta misma tarde, en el Vicente Calderón, será presentado Adrián López como nuevo jugador del Atlético de Madrid". Me quedé pálida. Pensaba que estaba en Madrid de vacaciones, sabía que tenía unos tíos que vivían por aquí y creía que solo seríamos vecinos por unos días o quizá semanas, no por algunos años. Todo se complicaba por momentos.
Esa tarde, Jani me sacó a regañadientes de casa y acabamos donde nunca hubiese ido por mi misma, en el Calderón.

- ¿Qué hacemos aquí? -dije mirándola desafiante.
- Me han pedido que te traiga y no podía decir que no.
- ¿Quién te ha pedido que me traigas?
 - No puedo decirte nada.
- Janire, por favor.
- Ten paciencia, en un rato lo sabrás.

Entramos al estadio, Jani habló con vete a saber quien y nos colocaron donde estaban los familiares que habían venido con el jugador. No entendía muy bien que hacíamos ahí, pero parecía que Janire lo tenía todo controlado. Aquello se fue llenando y llegó el momento de que Adrián saliese. Al salir nuestras miradas se cruzaron y sentí el estómago en la boca. Me puse muy nerviosa. Acabó el acto y cuando pensé que todo aquello iba a terminarse y podría volver a casa, me encontré con que mi amiga me tapaba los ojos y me metía en el coche con dirección nadie sabe cual. El coche se paró, Janire o eso creía yo se bajó, me abrió la puerta y me ayudó a bajar. Mi sorpresa fue cuando al destaparme los ojos descubrí que la persona con la que había ido en el coche no era ella. 

martes, 16 de julio de 2013

Prólogo.

Verano del 2011. Último verano en Oviedo. Último curso acabado. Sólo unos días mas y emprenderiamos una nueva aventura en Madrid. Digo emprenderíamos porque sería mi mejor amiga, Janire, la que se vendría conmigo.
Llevábamos meses preparándolo y teníamos muchas ganas de que llegase el día para ir a la capital. Habíamos encontrado una casa perfecta en Boadilla, no muy lejos del centro y lo único que teníamos en la cabeza era que queríamos estrenarla cuanto antes. Cuando llegó el día no nos lo podíamos creer y menos aún cuando estábamos en nuestra casa nueva.

- Esto es como un sueño Naia, aún no me creo que estemos aquí -decía Janire mirando perpleja todo a su alrededor.
- Al fin. Hace mas de un año que empezamos a planearlo todo y ahora estamos aquí. Parece mentira.

Nos instalamos lo mas rápido que pudimos, dejando todo tirado y salimos a conocer la zona. No sabíamos que había alrededor, pero nos montaríamos en el coche y empezamos a investigar. Cual fue mi sorpresa cuando nada mas salir por la puerta de casa me crucé con alguien a quien habia perdido la pista hacía mucho tiempo y el cual había sido mi mejor amigo durante diecinueve años de mi vida, hasta que decidió que entre nosotros todo había acabado.

- Naia, ¿ese no es Adrián?
- Si, sube al coche. Vámonos. -le decía mientras arrancaba.
- No deja de mirar. Creo que no se esperaba encontrarte.
- No me puedo creee que tenga que ser nuestro vecino.
- Él en su momento te dijo que os volveríais a encontrar y el destino quiso que así fuese.

Adrián había sido mi mejor amigo toda la vida. Vivíamos en el mismo pueblo y aunque él empezó a jugar en el Oviedo, siempre que tenía tiempo subía a Teverga a hacer una visita a la familia y a los viejos amigos. Cuando no podía venir, hacía que estuviese con él en su casa, en Oviedo. A pesar de que él era unos cuantos años mayor que yo, éramos inseparables. Pero un día, tras su marcha al Depor, decidió que todo este tiempo no había servido para nada y se olvidó que tenía una mejor amiga, tanto que ni siquiera fue capaz de despedirse de mi como una persona normal. En ningún momento me comentó nada sobre su marcha y un día, mi madre me despertó dándome una carta y un pequeño regalo. El regalo era una pulsera que aún conservo y a pesar de todo aún sigo llevando porque siento que me da suerte y que lo tengo cerca aunque no sea cierto, en la carta ponía; "Espero que seas capaz de perdonarme algún día. Sé que nos volveremos a ver. Te quiero mucho. Adrián". Aquello me dolió muchísimo, para mi era una persona demasiado importante en mi vida como para que saliese derepente, sin anestesia, pero tenía la esperanza de que me llamase o tratase de seguir en contacto conmigo. Nada. Hasta aquel día que lo vi salir de la casa de al lado, no había sabido absolutamente nada de él. Ahora era yo la que no quería saber nada de él. O eso creía.